
En la tradición bíblica, a Babilonia se le conoce como la gran engañadora, es decir, la que con mentiras seduce a los hombres para hacerlos caer en pecado.
El engaño es uno de los más antiguos pecados del hombre, se engaña por placer, por alcanzar algún fin determinado, por salvarse de una situación de peligro... se engaña por muchas cosas.
El objetivo del engaño es cegar al otro, actuar a sus espaldas, mientras que se saca el máximo provecho de la situación, bajo la premisa de que, mientras el otro no se dé cuenta, no pasa nada.
Ahora bien, el que engaña, en realidad se engaña a sí mismo, nunca a los demás, sus actitudes siempre terminan por delatarlo, siendo un motivo de desconfianza para los demás, con el peso de la mentira a sus espaldas. Es motivo de lástima aquel que engaña, que maneja diferentes caras dependiendo de la situación. Nunca podrá estar en paz consigo mismo, y nunca podrá estar en paz con los demás. La soledad es su destino.
Babilonia se olvidó de que Dios lo ve todo, lo sabe todo, lo juzga todo... el que engaña se engaña a si mismo, creyendo que Dios cierra los ojos a sus mentiras...
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